¿Cómo afecta la postura a la espalda?

La postura forma parte de la manera en que distribuimos las cargas sobre la columna durante actividades como estar de pie, sentarnos, caminar, trabajar o dormir.

Mantener una misma posición durante mucho tiempo, especialmente cuando existe poca movilidad o se acompaña de otros factores como sedentarismo, puede favorecer molestias y dolor lumbar. Sin embargo, no existe una postura perfecta que garantice que nunca tendremos dolor de espalda.

¿Qué ocurre cuando mantenemos una postura durante mucho tiempo?

La columna está diseñada para moverse y adaptarse a diferentes cargas. Cuando permanecemos durante periodos prolongados en una misma posición, los músculos y otras estructuras de la espalda pueden mantenerse bajo una carga sostenida.

Por ejemplo, pasar muchas horas sentado puede asociarse con:

  • Molestias o dolor en la zona lumbar.
  • Rigidez al levantarse.
  • Fatiga muscular.
  • Menor movilidad.
  • Mayor incomodidad al final de la jornada.

Una revisión publicada en 2025 sobre trabajadores de oficina encontró asociaciones entre el dolor lumbar y factores como permanecer sentado durante más tiempo, adoptar determinadas posturas al sentarse, realizar pocas pausas y mantener conductas sedentarias prolongadas.

¿Sentarse encorvado daña la columna?

Una postura encorvada puede modificar la distribución de las cargas sobre la región lumbar y aumentar determinadas demandas mecánicas mientras se mantiene esa posición.

Una revisión sistemática publicada en 2024 analizó los efectos biomecánicos de diferentes posturas al sentarse sobre los discos lumbares y encontró que la posición sentada puede modificar las cargas sobre los discos intervertebrales.

Sin embargo, esto no significa que sentarse encorvado ocasionalmente vaya a provocar una hernia de disco o desgaste permanente.

La relación entre postura y dolor lumbar es mucho más compleja. Una revisión de revisiones sistemáticas encontró asociaciones variables entre determinadas posturas y el dolor lumbar y concluyó que la evidencia disponible no permite establecer que una postura específica sea, por sí sola, la causa del dolor.

Entonces, ¿cuál es la postura correcta?

Más que buscar una única postura “perfecta”, es recomendable evitar permanecer demasiado tiempo en la misma posición.

Al trabajar sentado puedes:

  • Mantener los pies apoyados en el suelo.
  • Ajustar la altura de la silla para trabajar cómodamente.
  • Mantener la pantalla a una altura adecuada.
  • Evitar permanecer encorvado durante periodos prolongados.
  • Cambiar de posición con frecuencia.
  • Levantarte y caminar durante el día.

Estas medidas forman parte de las estrategias de autocuidado y adaptación ergonómica que la Organización Mundial de la Salud contempla dentro del manejo de la lumbalgia.

El movimiento también importa

Cuidar la espalda no significa mantenerla rígida durante todo el día.

La actividad física regular es uno de los componentes importantes para prevenir y manejar el dolor lumbar. La OMS recomienda mantenerse físicamente activo y, en personas con dolor lumbar crónico, incluye los programas de ejercicio entre las intervenciones no quirúrgicas recomendadas.

Por ello, además de prestar atención a cómo nos sentamos o permanecemos de pie, es importante movernos, fortalecer la musculatura y mantener una buena condición física.

¿Y si ya tengo dolor de espalda?

Si el dolor es persistente, empeora progresivamente o se acompaña de síntomas como debilidad, pérdida de sensibilidad, dolor que baja hacia una pierna o alteraciones en el control de esfínteres, es importante acudir a valoración médica.

No todo dolor de espalda se debe a la postura. Puede tener diferentes causas y requiere una evaluación individualizada.

Recuerda

La postura puede influir en cómo se distribuyen las cargas y en la aparición o intensidad de algunas molestias de espalda, especialmente cuando se combina con periodos prolongados de sedentarismo y pocas pausas.

La clave no es encontrar una postura perfecta, sino evitar permanecer demasiado tiempo en una sola posición, mantenernos activos y adaptar nuestro entorno de trabajo a nuestras necesidades.


Bibliografía

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  4. Postural asymmetry in low back pain – a systematic review and meta-analysis of observational studies. Journal of Mental Health. 2024. PMID: 39166267.
  5. World Health Organization. WHO guideline for non-surgical management of chronic primary low back pain in adults in primary and community care settings. Geneva: WHO; 2023/2024.

Lesiones del tobillo más frecuentes 🦶

El tobillo es una de las articulaciones que con mayor frecuencia se lesionan debido a actividades deportivas, accidentes laborales o caídas. Estas lesiones pueden afectar huesos, ligamentos, tendones y cartílago, ocasionando dolor, inflamación e inestabilidad que, si no reciben un tratamiento adecuado, pueden derivar en problemas crónicos.

Conocer las lesiones más comunes permite identificar cuándo es necesario acudir a valoración por un traumatólogo y ortopedista.

1. Esguince de tobillo

El esguince de tobillo es la lesión más frecuente. Ocurre cuando uno o más ligamentos que estabilizan la articulación se estiran excesivamente o se rompen, generalmente por un movimiento de inversión (cuando el pie se dobla hacia adentro).

Síntomas

  • Dolor inmediato.
  • Inflamación.
  • Moretones (equimosis).
  • Dificultad para caminar.
  • Sensación de inestabilidad.

Los esguinces se clasifican en tres grados:

  • Grado I: distensión leve del ligamento.
  • Grado II: ruptura parcial.
  • Grado III: ruptura completa del ligamento.

El tratamiento depende de la gravedad e incluye reposo relativo, hielo, compresión, elevación, inmovilización cuando está indicada y rehabilitación.


2. Fracturas del tobillo

Las fracturas afectan uno o varios de los huesos que forman la articulación:

  • Maléolo lateral (peroné).
  • Maléolo medial (tibia).
  • Maléolo posterior.
  • Fracturas bimaleolares o trimaleolares.

Síntomas

  • Dolor intenso.
  • Imposibilidad para apoyar el pie.
  • Deformidad.
  • Inflamación importante.
  • Hematomas.

Dependiendo del tipo de fractura, el tratamiento puede ser conservador mediante inmovilización o quirúrgico mediante reducción y fijación con placas y tornillos.


3. Lesión del tendón de Aquiles

El tendón de Aquiles conecta los músculos de la pantorrilla con el calcáneo y permite caminar, correr y saltar.

Las lesiones más frecuentes son:

  • Tendinitis aquílea.
  • Tendinosis.
  • Ruptura parcial.
  • Ruptura completa.

Factores de riesgo

  • Deportes de impacto.
  • Incremento repentino de la actividad física.
  • Falta de calentamiento.
  • Edad mayor de 30 años.

Síntomas

  • Dolor en la parte posterior del tobillo.
  • Rigidez matutina.
  • Inflamación.
  • Dificultad para ponerse de puntas.

4. Tendinitis de los tendones peroneos

Los tendones peroneos estabilizan el tobillo durante la marcha y la práctica deportiva.

La inflamación suele aparecer por:

  • Sobrecarga deportiva.
  • Esguinces repetitivos.
  • Alteraciones en la biomecánica del pie.

Síntomas

  • Dolor en la parte externa del tobillo.
  • Inflamación.
  • Dolor al caminar o correr.
  • Sensación de chasquido en algunos casos.

5. Lesiones osteocondrales del astrágalo

Después de un esguince importante, el cartílago que recubre el astrágalo puede lesionarse.

Estas lesiones pueden pasar desapercibidas inicialmente y manifestarse meses después.

Síntomas

  • Dolor persistente.
  • Inflamación recurrente.
  • Sensación de bloqueo.
  • Chasquidos.
  • Inestabilidad.

En algunos pacientes requieren tratamiento quirúrgico para preservar el cartílago articular.


6. Inestabilidad crónica del tobillo

Aproximadamente entre el 20 y el 40 % de los pacientes que sufren un esguince lateral desarrollan inestabilidad crónica cuando los ligamentos no cicatrizan adecuadamente.

Manifestaciones

  • Torceduras frecuentes.
  • Sensación de que el tobillo «se vence».
  • Dolor recurrente.
  • Disminución del rendimiento deportivo.

La rehabilitación temprana disminuye considerablemente este riesgo.


¿Cuándo acudir al traumatólogo?

Es importante acudir a valoración médica si presentas:

  • Dolor intenso después de una torcedura.
  • Incapacidad para apoyar el pie.
  • Inflamación importante.
  • Deformidad visible.
  • Pérdida de fuerza.
  • Dolor que persiste más de una semana.
  • Episodios repetitivos de inestabilidad.

El diagnóstico oportuno mediante exploración física y estudios de imagen, como radiografías, ultrasonido o resonancia magnética, permite instaurar el tratamiento más adecuado y prevenir secuelas permanentes.

Bibliografía

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